Sinapsis Segovia | Yo, del lado de la víctima, ¿y tú?
17017
post-template-default,single,single-post,postid-17017,single-format-standard,woocommerce-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,columns-3,qode-theme-ver-10.0,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12,vc_responsive
 

Yo, del lado de la víctima, ¿y tú?

Yo, del lado de la víctima, ¿y tú?

Soledad, indefensión, angustia, tristeza, miedo, ansiedad, depresión, desesperanza… son solo algunas de las palabras que describen lo que sufren las personas sometidas a una violencia desmedida, cruel e irracional desde la posición de inferioridad y mantenida en el tiempo. Un tiempo en el que pierden las oportunidades de disfrutar, de vivir con alegría, de compartir y reír con quienes les rodean, en definitiva, de desarrollarse en plenitud y tratar de ser feliz.

            Si pensamos en esto, seguramente nos vengan a la cabeza mujeres maltratadas o trabajadores que sufren acoso laboral, pero pocas veces se nos ocurre pensar en niños en el contexto escolar. Quizá no se nos ocurre porque parece de lógica que los centros educativos debieran ser espacios de seguridad, de respeto y donde los niños tienen la posibilidad de crecer acompañados y guiados por los docentes. Por suerte los centros educativos lo son para la gran mayoría de los alumnos, sin embargo, los datos de los estudios sobre acoso escolar y la práctica clínica nos dice que no siempre es así para algunos de ellos, y que, además, con más frecuencia de la que pensamos podemos estar frente a un niño víctima de acoso al que estamos derivando a especialistas por bajo rendimiento académico, por problemas de atención, por dificultades en las relaciones sociales… sin darnos cuenta de que lo que realmente ocurre es que hay un compañero o un grupo de compañeros que han decidido de manera muy desafortunada fastidiarle la vida.

            Las propias características del acoso escolar (violencia entre iguales con clara intención de hacer daño, mantenida en el tiempo y generando una posición de sometimiento de la víctima) hacen que la situación de la víctima sea especialmente delicada porque no está en condiciones de poder resolver la situación y defenderse ella sola. Cuando parece que todos tenemos claro que ante una situación de violencia de género la víctima necesita ayuda, en el caso de los niños hay una cierta tendencia a banalizar la situación, a pensar que son cosas de niños que han ocurrido siempre y no tienen importancia, que se pueden solucionar poniendo frente a frente al agresor y la víctima para que hagan las paces como si de una pelea de patio por la rivalidad de una pachanga de futbol se tratara. Al igual que para los adultos, especialmente para las mujeres, se crean unidades específicas de intervención, de acompañamiento y de acogida, también debiéramos tenerlas para los niños que sufren acoso escolar. La buena voluntad del profesorado para mediar en conflictos tan complejos no es suficiente, y, en ocasiones, puede llegar incluso a ser contraproducente. Es necesario formar equipos especializados para la prevención y la intervención, porque cuando hay que intervenir es porque ha fallado la prevención.

            El exceso que violencia al que tenemos acostumbrados a los niños a través de los contenidos que están a su alcance en la televisión, redes sociales y páginas de internet hace que tengan infinitos modelos de maltrato a su alcance a los que recurrir si lo consideran oportuno o necesario. Debemos hacer un esfuerzo muy grande en educar a los niños en la no violencia, de protegerles frente a contenidos violentos que puedan herir su sensibilidad o, incluso, darles ideas para reproducirlas. Los niños deben ver que el mundo adulto condena la violencia, que, quienes estamos para protegerles y acompañarles durante su crecimiento, no vamos a pasar por alto conductas violentas, que no seremos nunca cómplices de actos violentos pero, sobre todo, que los adultos somos capaces de relacionarlos con los demás desde el respeto, sin descalificar, sin reírnos de las dificultades, diferencias o problemas de los demás. Que nosotros, que ejercemos de modelo a imitar, somos capaces de ponernos en la piel del otro, de empatizar, de comprender, atender, escuchar y acoger a aquellos que por cualquier circunstancia están diferenciados del grupo.

            Hoy, en el Día Mundial de la Paz y la No Violencia, pedimos a todos los adultos el firme compromiso de no ejercer la violencia, de respetar por encima de todo las diferencias de los demás, de ser un verdadero modelo educativo para los menores y, sobre todo, de ejercer un Trato Adecuado Con TOdos. Estos objetivos son algunos de los que nos marcamos en el Programa TACTO

Teresa Solís Bertrán de Lis

Pedagoga especialista en neuropsicología

Directora del Centro Sinapsis

No hay comentarios

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies