Sinapsis Segovia | Jugar con los niños a novias y novios, ¿sí o no?
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Jugar con los niños a novias y novios, ¿sí o no?

Jugar con los niños a novias y novios, ¿sí o no?

El juego simbólico es el medio natural para que los niños aprendan cómo funciona el mundo. A través de él representan lo que ven, expresan lo que sienten y poco a poco van aprendiendo e integrando las normas sociales, las costumbres y hábitos de su comunidad, los valores, lo que se debe y no debe hacer… Es una herramienta imprescindible para su aprendizaje y desarrollo y los adultos debemos fomentarla, pero no todo vale.

El niño aprende imitando lo que ve, observa y capta de lo que hay a su alrededor y se mueve en el espacio que llega a comprender, por eso a veces nos hacen tanta gracia, porque manejan expresiones o hacen gestos muy bien contextualizados en el juego, pero sin saber lo que significan. Por ello es tan importante que los adultos cuidemos lo que hacemos y nuestras formas en su presencia, porque luego lo van a reproducir aunque no lo terminen de entender.

Cuando un niño juega de forma espontánea a mamás y papás, a camareros, bomberos, científicas, policías o a novios, está representando un papel en función de lo que su mente alcanza a comprender: los policías ponen multas, los bomberos apagan fuegos, los papás y mamás cuidan de los bebés… y es suficiente estímulo para su desarrollo. Cuando es el adulto el que introduce el juego lo hace desde su perspectiva, desde su comprensión del mundo y no desde la del niño.

El juego simbólico debemos acompañarlo, no dirigirlo, debemos nosotros ajustarnos a su nivel de complejidad y dejarnos llevar, aclarando ideas, transmitiendo valores y ayudando a comprender desde su perspectiva. Pero esto no es lo que ocurre cuando los adultos jugamos con los niños a preguntarles quién es su novio o novia, algo que incluso muchas veces les incomoda. Incitando los adultos a hablar de novios y novias vamos focalizando su atención en las relaciones de pareja, vamos poco a poco introduciéndoles en un mundo que aún les queda y debe quedarles lejos evolutivamente por lo que significa y conlleva. Hablándoles de novios y novias entramos en el juego de dar valor a algo que no comprenden y para lo que madurativamente no están preparados, pero, percibiendo ellos que es gracioso para nosotros, harán por usarlo con frecuencia para captar nuestra atención, incitaremos cada vez más la curiosidad por las relaciones de pareja y teniendo internet al alcance de su mano no tardarán en hacer uso de ello para indagar más, topándose con patrones nada educativos en la red.

En una sociedad donde cada vez los niños están más sexualizados en sus actitudes, formas de vestir, comentarios e incluso entretenimientos (el consumo del porno está empezando a instaurarse en los 11 años), quizá no sea la mejor idea que los adultos alimentemos la focalización en este terreno. Vemos a multitud de niños y niñas cantando canciones de reggaetón que son insultantes por lo machistas y despreciativas que son con la mujer, les vemos bailando con unos movimientos y unos gestos que están claramente sexualizados y a algunos adultos les parece tan gracioso que lo aplauden.

Como educadora, pedagoga y madre de dos hijas no puedo por menos que alzar la voz en contra de este desvarío, este sinsentido que rompe la inocencia e infancia de los niños para introducirles abruptamente en un mundo adulto que va en contra del respeto a la mujer, del cuidado del otro, donde las relaciones vienen marcadas por la superficialidad y no por el cariño, el respeto y la complementariedad del uno con el otro.

Hablar con ellos de las relaciones de pareja es importante cuando sea de forma natural su foco de atención, cuando de forma espontánea salga en las conversaciones o en el juego, cuando compartamos una peli que trate de ello y en otros miles de contextos que nos darán pie seguro a poder hacerlo desde edades tempranas. Pero eso no es lo mismo que iniciar nosotros como adultos el juego de los novios.

Reír la gracia de lo que no entienden los niños no es gracioso. Reír la gracia de un juego que cada vez está cogiendo una dimensión más peligrosa, no es gracioso. Quizá a pocos nos sorprenda ir tranquilamente por la calle y escuchar a un joven de unos 19 años decirle a voz en grito a sus amigos “¡eh chavales! ¡¡Que se me había olvidado contaros lo de mi prueba del SIDA!!”. Quizá a pocos se nos pongan los pelos de punta cuando vemos cómo algunos chicos y chicas sufren porque se ven presionados con 15 años a montarse un trío; o que las chicas adolescentes tengan integrado que estar sometidas durante una relación sexual forma parte de la normalidad en la práctica sexual de pareja; o que el número de enfermedades de transmisión sexual se esté disparando entre los más jóvenes…

Quizá porque soy pedagoga y educadora, quizá porque estoy en contacto directo con ellos, quizá porque atiendo a padres que sufren al enfrentarse a estas realidades, es por lo que digo que adelantar acontecimientos a los niños les ayuda a crecer por fuera pero no por dentro y, desde luego, las consecuencias no me parecen graciosas.

Teresa Solís Bertrán de Lis

Pedagoga especialista en Neuropsicología.

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