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Desafío y oportunidad

Desafío y oportunidad

Desafío y oportunidad
Frente a la posibilidad que se nos presenta de quedarnos en casa, al cortar con la rutina se nos abren oportunidades que posibilitan utilizar recursos que quizás no sabemos que los tenemos. Para ello es fundamental intentar mantener la “calma” interna y externa. Estamos “bombardeados” por mucha información por muchos medios y fuentes. Mucha útil e indispensable para tomar conciencia, y otra no tanto. Una vez escuchemos de un medio fiable la información, quizás lo mejor es apagar las fuentes –móviles, ordenador, tv, etc.-, y centrarnos en quienes conviven con nosotros.
Se da una oportunidad de encuentro, reencuentro e intercambio. De compartir, no de aislarnos cada uno en una habitación con su “pantalla”. Sin esa calma o regulación emocional personal es difícil sostener a otros, pienso en este caso a los niños que sin duda entenderán menos que nosotros lo que está pasando. Para la mayoría el hecho de no tener cole pudo haber sido una buena noticia, pero sin duda al pasar los días, echarán de menos su rutina, ya que no es una situación vacacional. Se han restringido todas sus actividades extraescolares y de ocio. El encuentro fuera de casa con los amigos no es posible. Es importante poder mantener la calma, ya que pueden darse situaciones en las que se “desborden” y nosotros con ellos. Imaginemos concentrarnos en un teletrabajo, con los niños en casa. Nosotros somos los adultos, tenemos que ayudar a regularlos, y si nosotros no controlamos la situación, ellos no podrán. Aprovechemos para ponernos en su lugar, que experimenten que somos su base de seguridad, su refugio, fortaleciendo su confianza en nosotros. Podemos ayudarlos a identificar lo que sienten poniendo en palabras sus emociones. Eso los ayudará dándoles la oportunidad de expresar lo que sienten y minimizar una actuación conductual que no favorece ni promueve el bienestar personal y familiar.
Aprovechemos a intensificar la relación, los vínculos con quienes convivimos. Podemos hacer actividades juntos, hay muchas propuestas: cocinar, jugar a juegos de mesa, dialogar, hacer manualidades, ordenar la casa, actividades que impliquen una participación de todos. Pero intensifiquemos el “ser en relación” familiar y comunitaria.
Estamos en una situación que podría parecer “de laboratorio” ya que creo que nunca lo pensábamos como posibilidad real. El mundo externo, si tenemos la suerte de podernos quedar en casa con los nuestros, se para. Se intensifica el interno, el casero, el familiar con quienes más queremos, con los cercanos, con quienes vivimos, con-vivimos. Y nos lleva a tener que reubicarnos. Pone a prueba nuestra capacidad de regularnos y de regular al otro, la tolerancia, la sensibilidad, la disponibilidad, el encuentro también con nosotros mismos. Aprovechemos a no pensar tanto en cosas que hacer, sino a lograr ese desafío de unión y convivencia, de encuentro “codo a codo”, que nos ayude a centrarnos en el otro, siendo con el otro, ya que la persona, el ser humano, solo es en relación con los demás.

María Noel Firpo
Psicóloga

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